Una tormenta se ha desatado en un templado lugar,
una mujer de pie se encuentra, mirando la inmensidad.
Las horas pasan y las gotas saladas van recorriéndola
hasta hacerla temblar.

El viento agita sus cabellos en distintas direcciones,
ella no se mueve, quieta está, pero una tormenta
en su interior se ha desatado ya.

Las horas trascurren, el tiempo ha pasado y la mujer yace sentada,
cansada de divisar y no verlo regresar.

Las manecillas del reloj marcan la hora: La tormenta en tí, Acabo al fin.